“La leche de vaca, es para los hijos de la vaca“, afirma el célebre naturópata Manuel Lezaeta, con toda la razón, en su libro “La Medicina Natural al Alcance de Todos“.
La leche de vaca contiene lactosa. El intestino del adulto,
y aún del niño, carece del fermento necesario (la lactasa) para digerirla por
hidrolisis. Si la lactosa pasa directamente a la sangre puede provocar
importantes problemas, entre ellos cataratas u otros oculares.
También contiene lacto globulinas, péptidos de cadenas
medias que pueden pasar a la sangre sin ser suficientemente hidrolizados y
producirán reacciones alérgicas.
La leche de vaca favorece la elaboración de estrógenos que
predisponen a diversos problemas de mamas, desde mastitis hasta cáncer.
Además la leche de vaca contiene las hormonas naturales
necesarias para el rápido desarrollo de los terneros. Las más importantes son
los factores de crecimiento epitelial. Estas sustancias son las responsables
del efecto curativo que posee la leche en las úlceras de estómago (actúan
haciendo crecer la mucosa estomacal y obturando la úlcera); pero también
podrían ser las responsables del crecimiento de tejidos epiteliales en los
cánceres.
Según Robert Coen, la hormona IGF-I es la más activa en este
aspecto. La IGF-I es una hormona semejante a la insulina pero con funciones de
crecimiento: la bovina y la humana son idénticas. Numerosos estudios demuestran
una relación entre la IGF-I y el desarrollo de diversos tumores (tiroides,
huesos, riñones, mamas, etc.)
El humo de los cigarrillos, las dioxinas, el uranio-235, y
otros tóxicos pueden causar cáncer, ya que “matan” las células y hacen que se
vaya produciendo una nueva réplica de las mismas, y lamentablemente esta
réplica se descontrola y exagera en presencia de IGF-1. Esta hormona es
producida en pequeñas cantidades por nuestro organismo, pero su concentración
sanguínea puede sufrir considerables aumentos si se consume leche de vaca.
Además los niveles de IGF-I son muy superiores en la leche
de las vacas inyectadas con BST, hormona obtenida por ingeniería genética
recombinando una hormona natural de la vaca con el material genético de una
bacteria y que hace aumentar la producción láctea.
Aparte de las Citadas hormonas de crecimiento, en cada sorbo
de leche encontramos un auténtico cóctel de otras hormonas: pituitarias,
hipotalámicas, esteroideas, pancreáticas, tiroideas, paratiroideas, adrenales,
sexuales. De estas últimas, la progesterona está implicada en el desarrollo del
acné, y los estrógenos en las alteraciones del aparato reproductor femenino.
Por otra parte, diferentes estudios muestran una mayor
incidencia de cánceres linfáticos en aquellas personas consumidoras de leche
animal.
Cualquier mamífero excreta toxinas a través de su leche.
Estas incluyen pesticidas, antibióticos, productos químicos, hormonas e incluso
leucocitos o glóbulos blancos procedentes de las mastitis, lo que vulgarmente
llamamos pus. También podemos encontrar en la leche de algunas vacas virus y
bacterias (o al menos las toxinas por ellos producidas) de enfermedades
frecuentes en el ganado bovino (Leucemia, tuberculosis e inmunodeficiencia).
Además de estos tóxicos “naturales” están los añadidos por
la industria láctea. Por ejemplo la vitamina D sintética que en sobredosis es
tóxica, o los numerosos aditivos autorizados.
Al dejar de consumir leche de vaca es recomendable aumentar
el consumo de otras proteínas, por ejemplo, legumbres (soja, garbanzos,
lentejas, etc.), frutos secos (nueces, almendras, etc.), huevos, queso fresco,
yogur, etc., siempre de origen biológico, así como las sabrosas y nutritivas
leches vegetales de soja, almendras, avellanas, avena, chufa, arroz, etc.
Artículo publicado en la REVISTA DISCOVERY SALUD, número 84
/ junio / 2006
¿ES LA LECHE ANIMAL
ADECUADA PARA EL CONSUMO HUMANO? La leche animal y sus derivados –nata,
natillas, yogures, helados, batidos, etc.- se encuentran actualmente entre los
alimentos de mayor consumo del mundo. Se alaban sus propiedades nutritivas, lo
ricos que son y lo imprescindibles que resultan para mantener los huesos sanos
merced a su riqueza en proteínas, vitaminas y minerales, especialmente el
calcio. Pero, ¿es eso verdad o más bien se trata de productos no precisamente
saludables que causan muy diversas patologías?
El ser humano es único en la naturaleza por múltiples
razones destacando entre ellas el hecho de que se trata del único mamífero que
ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia. Y lo
hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamífero es específica
para su especie y que la naturaleza la ha hecho idónea para las necesidades de
su cría y no para las de otra. Es más, la madre Naturaleza previó que los
mamíferos –es decir, los animales que maman- obtengan la leche directamente de
las mamas de sus madres sin contacto con agente externo alguno ya que se trata
de una sustancia que se altera y contamina con gran facilidad. Los humanos, sin
embargo, en el convencimiento de que es sano seguir tomándola siendo ya adultos
hemos alterado hasta las leyes de la naturaleza para poder mantenerla en
condiciones adecuadas de consumo. Y, sin embargo, son muchas las evidencias que
indican que tan preciado líquido está detrás de muchas de las dolencias que hoy
nos aquejan.
Obviamente la composición de cada leche varía en función del
animal, de la raza, del alimento que haya recibido, de su edad, del periodo de
lactancia, de la época del año y del sistema de ordeño, entre otras variables.
Y si bien su principal componente es el agua su presunto interés nutritivo
radica en que además contiene grasas (ácidos grasos saturados y colesterol),
proteínas (caseína, lacto albúminas y lacto globulinas), hidratos de carbono
(lactosa, fundamentalmente), vitaminas (cantidades moderadas de A, D y del
grupo B) y minerales (fósforo, calcio, zinc y magnesio). Las proporciones
dependen ya del tratamiento que se haya dado a la materia prima por lo que no
contiene la misma grasa la “leche entera” que la “leche descremada” (vea el
recuadro que se adjunta al respecto). Ahora bien, ¿es realmente saludable
ingerir leche y productos lácteos? Porque no sólo son muchos los investigadores
que discrepan de esa opinión sino que hay cada vez más estudios que cuestionan
esa aseveración.
EL PROBLEMA DEL
CALCIO. La razón fundamental por la que los nutricionistas occidentales –no
así los orientales- recomiendan tomar leche y sus derivados es porque la
consideran muy nutritiva y especialmente rica en calcio agregando que la
ingesta periódica de ese mineral es imprescindible para mantener la salud, sobre
todo la de los huesos. Y en ese convencimiento muchas personas beben cantidades
importantes de ella al punto de que algunas -es el caso de millones de
norteamericanos- prácticamente la toman en lugar de agua. Sin embargo es
precisamente en Estados Unidos, el mayor consumidor mundial de leche, donde más
incidencia de osteoporosis hay entre su población.
¿Alguien puede
explicar razonadamente tan singular paradoja?
Lógicamente no puede extrañar que cada vez más expertos
alcen su voz abiertamente afirmando que la leche y sus derivados no sólo no son
alimentos adecuados para el ser humano sino que ni siquiera constituyen una
buena fuente de calcio porque una cosa es la cantidad de ese mineral presente
en ella y otra muy distinta su biodisponibilidad. Además está por ver si la
necesidad de él que precisa el organismo es la que publicitan las empresas
lácteas.
Resultan ilustrativos a ese respecto los resultados del
estudio que con 78.000 mujeres de entre 34 y 59 años llevaron a cabo durante 12
años varios profesores de la Universidad de Harvard en Estados Unidos y que fue
publicado en el American Journal of Public Health en 1997. Porque sus
conclusiones desmienten la tesis de que un mayor consumo de leche u otras
fuentes alimenticias de calcio por mujeres adultas las proteja de fracturas
propias de la osteoporosis como son las de cadera o antebrazo. También es
interesante recordar el Proyecto CornellOxford-China de Nutrición, Salud y
Medio Ambiente que se inició en 1983 con un estudio pormenorizado de los hábitos
cotidianos de 6.500 habitantes de 65 provincias dispersas de la China rural ya
que constituye una de las investigaciones más rigurosas y concluyentes
efectuadas en materia de salud. Y ese trabajo demostró -entre otras cosas- que
la leche animal desmineraliza a los adultos. Es decir, se comprobó que las
mujeres que no tomaban leche de vaca y su único alimento eran el arroz, los
vegetales, la soja y sus derivados no padecían osteoporosis. Y que, sin
embargo, si dejaban esa dieta e introducían la leche de vaca sus niveles de
calcio bajaban y aumentaba la incidencia de esa patología. Gracias a las
investigaciones llevadas a cabo por el doctor John McDougall -médico
nutricionista del Sta. Helena Hospital de Napa (California, Estados Unidos)-
sabemos también que las mujeres de la etnia bantú no toman leche pero sí calcio
procedente de fuentes vegetales y, sin embargo, a pesar de que tienen una media
de 10 hijos y los amamantan durante largos periodos no padecen osteoporosis.
Otro ejemplo de la relación entre leche y osteoporosis lo
constituye el trabajo del doctor William Ellis, ex presidente de la Academia
Americana de Osteopatía Aplicada, quien estableció que las personas que toman
de 3 a 5 vasos de leche diarios presentan los niveles más bajos de calcio en
sangre. Agregando que tomar mucha leche implica ingerir grandes cantidades de
proteínas lácteas y éstas producen un exceso de acidez que el organismo intenta
compensar mediante la liberación de minerales alcalinos.
En esa misma línea se expresa un estudio publicado en el
American Journal of Clinical Nutrition que afirma que el exceso de proteínas de
la leche es uno de los factores más importantes en el avance de la
osteoporosis. En dicho estudio -publicado ya en 1983- se demostraba que hasta
la edad de 65 años las mujeres que no toman leche y son vegetarianas tienen un
18% de pérdida de hueso mientras las omnívoras padecen una pérdida ósea del
35%.
Y estudios más recientes muestran que con una ingesta de 75
gramos diarios de proteína láctea se pierde más calcio en la orina del que se
absorbe a través de la dieta.
A todo esto hay que añadir que la relación calcio/fósforo de
la leche de vaca no es adecuada para el ser humano pues su contenido es
demasiado elevado en fósforo y por eso su ingesta acidifica el organismo. Con
las numerosas implicaciones negativas para la salud que ello implica.
LA OPINIÓN DE JEAN
SEIGNALET. Como por otra parte ya publicó Discovery DSALUD en los números
78 y 79 también el finado doctor Jean Seignalet -hematólogo, inmunólogo,
biólogo, catedrático de Medicina de la Universidad de Montpellier durante
muchos años y autor de más de doscientas publicaciones en prestigiosas revistas
médicas- denunció en su obra La Alimentación, la 3ª Medicina que muchas patologías
y la proliferación actual de otras se debe básicamente a cinco razones: el
consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche animal y sus derivados, la
cocción de los alimentos, el refino de los aceites y la contaminación
alimenticia con la consiguiente carencia de vitaminas y minerales. Afirmando en
lo que a la leche se refiere lo siguiente: “Muchas personas piensan que
prescindir de la leche puede provocarles pérdida de calcio y problemas como la
osteoporosis pues la televisión, la prensa y la mayoría de los médicos repiten
que la solidez de los huesos depende de su cantidad de calcio y sólo el consumo
diario de productos derivados de la leche puede aportarles en cantidad
suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo firmemente que NO. El peligro
de la falta de calcio es una ilusión. Es cierto que la leche de vaca es rica en
calcio pero una vez en el tubo digestivo humano la inmensa mayoría del mismo es
precipitado en forma de fosfato de calcio y expulsado a través de las heces
fecales. Sólo una pequeña parte es absorbida. El calcio asimilable es aportado
en cantidad más que suficiente por los vegetales: hortalizas, legumbres secas,
verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos. Además el calcio es un
mineral muy abundante en el suelo donde es recuperado por las raíces de las
plantas. En definitiva, eliminar de la alimentación la leche animal no provoca
carencia de calcio. Al contrario, el régimen hipo tóxico -desprovisto de
derivados de la leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de
cada 100 la evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar
parte del terreno perdido”.
LA CASEÍNA DE LA
LECHE. Mencionábamos al describir la composición de la leche que una de sus
proteínas principales es la caseína. Pues bien, se sabe que el niño lactante
asimila completamente las caseínas de la leche materna… pero no las de la leche
de vaca. Tales proteínas sólo se digieren parcialmente por el efecto
neutralizador de la leche sobre la acidez gástrica, indispensable para su ruptura.
¿Y qué efectos provoca esa sustancia viscosa que es la
caseína animal en nuestro organismo? Pues hay que decir que en algunas personas
se adhiere a los folículos linfáticos del intestino impidiendo la absorción de
otros nutrientes (de hecho la caseína se utiliza como pegamento para papel,
madera, etc.). Además su hidrolización parcial tiene otras consecuencias. Por
ejemplo, desembarazarse de sus residuos metabólicos supone un gasto energético
suplementario para el organismo y puede provocar problemas inmunológicos. Así,
en personas que presentan deficiencias de inmunoglobulinas IgA esta proteína
pasa al torrente sanguíneo y genera gran variedad de reacciones autoinmunes
(las mencionaremos más adelante al hablar de las enfermedades relacionadas con
el consumo de leche). Y si tenemos en cuenta -como se recoge en un informe del
Memorial Kettering Hospital de Nueva York (Estados Unidos)- que la deficiencia
de antígenos IgA es uno de los problemas más comunes en cuanto a deficiencias
inmunitarias el problema pasa a tener dimensiones mucho más preocupantes.
LAS GRASAS DE LA
LECHE. La leche humana contiene 45 gramos de lípidos por litro de los que
el 55% son ácidos grasos polinsaturados y un 45% saturados. Y tiene, sobre
todo, un elevado contenido en ácido linóleo, precursor de prostaglandinas y
leucotrienos antinflamatorios. En cambio la leche de vaca -la más consumida-
contiene un 70% de ácidos grasos saturados y un 30% de polinsaturados. Una
estructura que favorece la formación de prostaglandinas y leucotrienos
inflamatorios. Además ese 30% de polinsaturados pierde sus propiedades cuando
por efecto del calor -entre 40 y 45Cº- se desnaturalizan y ya no pueden ser
precursores de sustancias antinflamatorias. Por lo que la leche tratada para
poder ser consumida es ¡una sustancia 100% inflamatoria!
Por otra parte la pasteurización y la homogeneización
provocan que las grasas saturadas atraviesen las paredes intestinales en forma
de pequeñas partículas no digeridas lo que inexorablemente aumenta los niveles
de colesterol y grasas saturadas en sangre. Además el contenido en colesterol
de la leche es superior al de otros alimentos famosos por ser ricos en ese
elemento. De hecho algunos países ya han retirado la leche de la lista de
alimentos fundamentales para la dieta porque se ha observado que los niños que
acostumbran a tomar varios vasos de leche al día tienen sus arterias en peores
condiciones que los que no la toman. Una información que, curiosamente, no
parece haber llegado a Estados Unidos pues según su Departamento de Agricultura
casi el 40% de la comida diaria que ingieren los norteamericanos consiste en
leche y/o productos lácteos. Lo cual significa que un estadounidense medio toma
diariamente sólo con los productos lácteos 161 miligramos de colesterol. Y eso es
tanto como ingerir ¡53 lonchas de tocino al día! Y luego se extrañan que la
cuarta parte de la población norteamericana sea obesa o padezca sobrepeso.
Añadiremos finalmente un dato importante que aporta el ya
mencionado doctor John McDougall: en el afán por aumentar sus ventas la
industria lechera relaciona el contenido de grasa de la leche… con el peso. Lo
que le permite decir que la de vaca contiene “sólo” un 2% de grasa por cada 100
gramos. Y, claro, dicho así parece que estemos hablando de un producto bajo en
grasa. Sin embargo debemos entender que el 87% de la leche es agua por lo que
si descartamos ésta el porcentaje real de grasa sobre la sustancia sólida es
mucho mayor. ¡Y no hablemos ya de la leche condensada!
LA CARGA HORMONAL
.Conviene saber también que la leche contiene aproximadamente 59 tipos
diferentes de hormonas -pituitarias, esteroideas, adrenales, sexuales, etc.-
siendo las más importantes las hormonas del crecimiento cuya acción, unidas a
la riqueza proteica de la leche de vaca, hacen posible el rápido crecimiento de
los terneros de forma que en breve plazo llegan a doblar su peso. Y es evidente
que los humanos no tenemos precisamente esa necesidad. Además niveles elevados
de esa hormona, unidos a otros tóxicos, se consideran hoy causa de la aparición
de diversas enfermedades degenerativas.
Hay que añadir a ese respecto que resulta kafkiano tener que
reseñar que ya en 1994 la Food and Drug Administration (FDA) –es decir, la
agencia del medicamento norteamericana- aprobó que la compañía Monsanto usara
la Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH) -también conocida como
bovine somatotropin o rbST- para aumentar la producción de leche en las vacas
entre un 10 y un 25%. Porque según se publicó en The Ecologist en 1998 “el uso
de rBGH incrementa los niveles de otra hormona proteica –el factor de
crecimiento 1 tipo insulina (IGF-1)- en la leche de las vacas. Y dado que el
IGF-1 es activo en los humanos –causando que las células se dividan- algunos
científicos piensan que una ingesta de leche tratada con altos niveles de rBGH
podría dar paso a la división y crecimiento incontrolados de células en los
humanos. En otras palabras: cáncer”. De hecho son tantos los peligros
potenciales de esa hormona que su uso está prohibido actualmente en Canadá y la
Unión Europea así como en otros países.
La profesora Jane Plant, sobre cuya ilustrativa experiencia
personal hablamos en el recuadro adjunto y que es autora del libro Your life in
your hands (Tu vida en tus manos), explica en él que el IGF-1 es además
especialmente activo durante la pubertad y el embarazo. En el caso de las niñas
púberes -explica- esta hormona estimula el tejido de la mama para que crezca. Y
durante el embarazo ensancha los tejidos mamarios y los conductos de la leche
materna para favorecer la lactancia. Agregando con rotundidad: “Niveles altos
de esta hormona incrementan hasta tres veces el riesgo de padecer cáncer de
mama o de próstata por parte de quienes consumen tanto la leche como la carne
de las vacas lecheras. Y en contra de la afirmación de que la pasteurización la
destruye entiendo que la caseína evita que eso ocurra y que la homogeneización
facilita que la IGF-1 alcance el torrente sanguíneo. Asimismo, los propios
estrógenos que se añaden a la leche bovina son otro de los factores que
estimulan la expresión nociva de esta hormona y que, indirectamente, acaban
provocando la aparición de tumores”.
TÓXICOS EN LA LECHE.
Debemos añadir que la leche puede además estar contaminada por productos
químicos, hormonas, antibióticos, pesticidas, pus procedente de las mastitis
-tan frecuentes en las vacas ordeñadas permanentemente-, virus, bacterias,
priones… Sin olvidar que hoy se “enriquece” tanto la leche como los productos
lácteos con aditivos, vitaminas y minerales sintéticos, semillas, plantas,
frutas, proteínas, ácidos grasos… En algunos casos, por cierto, con grasa de
animales distintos. Con lo que uno puede estar ingiriendo leche de vaca
enriquecida con grasa de cerdo… sin saberlo. ¿Y cuáles son las sustancias
tóxicas que con más frecuencia puede uno encontrarse en un vaso de leche de
vaca, la más consumida? Pues son éstas:
Metales y plásticos.
El equipo utilizado en la explotación ganadera para obtener, conducir o
almacenar la leche puede contaminarla. De hecho se ha llegado a detectar en
ella hierro, cobre, plomo, cadmio, zinc, etc., o sus aleaciones. Lo que puede
provocar una actividad catalítica nefasta sobre las reacciones de oxidación que
se producen en ella.
Detergentes y
desinfectantes. Hablamos de formol, ácido bórico, ácido benzoico, sales
alcalinas, bicromato potásico, etc., sustancias que se emplean en la limpieza y
desinfección del material que se pone en contacto con la leche. Su uso está
justificado ya que el agua por sí sola es incapaz de arrastrar los restos de
materia orgánica y destruir las bacterias que contaminan las instalaciones y
que pueden pasar a la leche.
Pesticidas y
fertilizantes. En la comida que se da a las vacas se pueden encontrar
compuestos químicos con los que se ha procurado tanto el incremento de las cosechas
como su mejor conservación. En este grupo se incluyen acaricidas, nematicidas,
fungicidas, rodenticidas y herbicidas. Compuestos químicos -DDT, dieldrin,
lindano, metoxiclor, malation, aldrín, etc.- que pueden ocasionar cáncer.
Mico toxinas.
Procedentes del alimento que se da a las vacas cuando éste está contaminado por
mohos, muy especialmente por el aspergillus flavus.
Antibióticos y otros
fármacos. Actualmente se emplean de forma habitual en el tratamiento y
prevención de las enfermedades infecciosas y parasitarias de las vacas pero
pueden pasar a la leche contaminándola. Un problema que se agrava al saber que
el uso excesivo y continuado de estos fármacos en animales ha acabado
provocando que determinadas cepas de gérmenes patógenos se hayan hecho
resistentes y al pasar a los humanos éstos encuentren dificultades para superar
la enfermedad con antibióticos. Por eso es peligroso el consumo de leche
extraída de vacas así tratadas. Ya en 1976 el diario Daily Herd Management
publicaba que “la mayoría de las fábricas [de leche] usan cerca de 60 clases de
tratamientos químicos [antibióticos] para tratar la hinchazón de pezón después
de cada ordeñada y para reducir la propagación de mastitis (inflamación de
ubres) en sus rebaños. Hay evidencia de que algunas de esas zambullidas
químicas dejan residuos en la leche que pueden ser peligrosos para los
humanos”. Diez años después todo seguía igual y el prestigioso The New York
Times afirmaba que “los residuos de antibióticos en la leche están causando
reacciones alérgicas en algunas personas debido a tratamientos rutinarios para
prevenir la hinchazón de los pezones de las vacas y programas de infusión en
las fábricas lecheras.”
Contaminación
radioactiva. Es otro de los problemas que preocupan en la actualidad y si
bien los residuos producidos por el uso específico de la energía nuclear no
ocasionan problemas más que en raras ocasiones es necesario prestar atención.
Dioxinas. Estos
derivados del cloro merecen atención especial. Además de estar relacionados con
el cáncer de pulmón y los linfomas la exposición a las dioxinas se ha
relacionado con la diabetes, los problemas de desarrollo del niño y diversos
desarreglos del sistema inmune.
ENFERMEDADES
RELACIONADAS CON EL CONSUMO DE LECHE Ante todo lo expuesto son cada vez más
las voces que alertan de la posible relación –más o menos directa- entre el
consumo de leche y las dolencias que se relacionan a continuación:
Anemia ferropénica.
El doctor Frank Oski -director del Departamento de Pediatría de la Escuela de
Medicina de la Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos)- asevera en su
libro Don’t Drink Your Milk! (¡No bebas tu leche!) que en su país entre el 15 y
el 20% de los niños menores de 2 años sufren anemia por deficiencia de hierro y
que la mitad del resto de las anemias que se producen en Estados Unidos están
relacionadas con el consumo de leche y sus derivados por los pequeños sangrados
gastrointestinales que la leche puede provocar.
Artritis Reumatoidea
y Osteoartritis. Está constatado que los complejos antígeno-anticuerpo
generados por la leche se depositan a veces en las articulaciones provocando su
inflamación y entumecimiento. Estudios realizados en la Universidad de Florida
(Estados Unidos) confirman que los síntomas se agravan en pacientes con Artritis
Reumatoidea que consumen leche. Por otro lado, en un artículo publicado en la
revista Scandinavian Journal of Rheumatology se afirmaba que en personas
afectadas de esa patología que dejaron de ingerir lácteos y tomaron sólo agua,
té verde, frutas y zumos vegetales entre 7 y 10 días la inflamación y el dolor
disminuyeron significativamente. Agregando que cuando alguno volvía a una dieta
lacto-ovo-vegetariana los síntomas reaparecían. Por su parte, un grupo de
investigadores israelíes demostró en 1985 -por primera vez- que la leche puede
inducir también la artritis reumatoidea juvenil. La asociación de la leche con
la artritis reumatoidea del adulto ya se había establecido anteriormente pero
no se había hallado ninguna asociación con la juvenil hasta el hallazgo de esos
científicos.
Asma. Se sabe que
la leche puede estimular la producción excesiva de moco en las vías
respiratorias y que la alergia a la leche es causa de asma. Además está
completamente demostrado que los niños con exceso de moco y dificultades respiratorias
a los que se les retira la leche de vaca mejoran de forma sorprendente.
Autismo.
Investigadores italianos descubrieron que los síntomas neurológicos de los
pacientes autistas empeoran cuando consumen leche y trigo. Se cree que los
péptidos de la leche pudieran tener un efecto tóxico en el sistema nervioso
central al interferir con los neurotransmisores. En sus investigaciones los
doctores de la Universidad de Roma notaron una mejoría marcada en la conducta
de esos enfermos tras dejar de ingerirla ocho semanas. En su sangre había altos
niveles de anticuerpos contra la caseína, la lacto albúmina y la
betalactoglobulina.
Cáncer de estómago.
Investigadores del Instituto Nacional de Salud Publica de Morelos (México)
encontraron un aumento significativo del riesgo de contraer cáncer de estómago
en pacientes que consumían productos lácteos. En los que además consumían carne
el riesgo se triplicaba.
Cáncer de mama.
La leche está considerada por muchos expertos causa directa de este “tipo” de
cáncer. Si a ello añadimos la influencia que tiene la hormona insulínica las
probabilidades de sufrirlo aumentan considerablemente en las grandes
consumidoras de leche (Discovery DSALUD publicará el mes que viene un artículo
sobre este importante asunto que tanto preocupa a las mujeres).
Cáncer de ovarios.
La galactosa -uno de los azúcares de la leche- se ha relacionado también con el
cáncer de ovarios. Algunos investigadores consideran que las mujeres que beben
más de un vaso de leche entera al día tienen tres veces más probabilidades de
contraer cáncer de ovarios que las que no lo ingieren.
Cáncer de páncreas.
Investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) afirman que existe
una relación “positiva y fuerte” entre el cáncer del páncreas y el consumo de
leche, huevos y carne
Cáncer de próstata.
Un estudio presentado hace más de veinte años en una reunión de la American
Association of Cancer Research en San Francisco y publicado en Oncology News ya
revelaba, según el doctor Chan -epidemiólogo de la Universidad de Harvard-, que
el consumo de mucha leche y sus derivados está asociado con un incremento del
riesgo de cáncer de próstata en los hombres. Explicando que ello se puede deber
a que el alto contenido de calcio de la leche hace disminuir la cantidad de vitamina
D del cuerpo, encargada de proteger del cáncer de próstata a pesar de que la
propia leche la contiene. Epidemiólogos italianos del Aviano Cancer Center
calcularon ese aumento del riesgo y establecieron que es 1,2 veces mayor entre
quienes beben de 1 a 2 vasos de leche diaria que entre los que no la consumen.
Sin embargo, si se toman dos o más vasos de leche al día el nivel de riesgo de
padecer ese cáncer aumenta a 5.
Otro estudio -realizado por el mismo equipo de
investigadores de la Universidad de Harvard- descubrió que los hombres que
consumen grandes cantidades de leche y/o lácteos tienen un 70% de riesgo de
contraer cáncer de próstata. Opinión que comparte un grupo de científicos
noruegos de la Universidad de Oslo quienes afirman que consumir leche es un
riesgo para contraer cáncer de próstata. Añadiendo que, sorprendentemente, el
consumo de leche desnatada está asociado con un mayor incremento que la leche
entera.
Cáncer de pulmón.
Investigadores holandeses concluyeron en 1989 que las personas que toman tres o
más vasos de leche diaria tienen dos veces más probabilidad de desarrollar
cáncer de pulmón que los que no la toman. Y que, sin embargo -contra lo que
afirman sus colegas noruegos- las personas que toman esa misma cantidad pero de
leche desnatada parecen estar más protegidas. También se coligió en el Roswell
Park Memorial Institute de Nueva York que entre las personas que beben tres o
más vasos de leche entera al día aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de
pulmón en un 200% (comparado con aquellos que nunca la toman). Además se ha
documentado que existe relación directa entre la hormona somatotropina y el
cáncer de pulmón, y entre éste y las dioxinas que contaminan la leche.
Cáncer de testículos.
Investigadores británicos descubrieron que también hay relación entre el cáncer
testicular y el consumo de leche. El riesgo encontrado fue 7,19 veces mayor que
en la población general y aumenta en un 1,39 por cada cuarto de leche adicional
que se consume.
Cataratas. Hay
una creciente evidencia de la relación entre el consumo de leche y las
cataratas. Según diversos estudios científicos las poblaciones humanas que
consumen grandes cantidades de productos lácteos tienen mayor incidencia de
cataratas que aquellos que los evitan. Este defecto se ha relacionado con la
lactosa y la galactosa. Siendo la relación más evidente entre la mujeres que
entre los hombres. El tipo más frecuentemente es la catarata cortical.
Colitis ulcerosa.
También el consumo de leche se ha asociado a esta dolencia.
Colon irritable. Hay diversos estudios que vinculan
igualmente la ingesta de leche con el desarrollo de esta patología.
Diabetes Mellitus
Tipo I. Diferentes investigaciones demuestran que los lactantes alimentados
con leche de vaca presentan un mayor riesgo de padecer diabetes
insulinodependiente -conocida como diabetes tipo I- ya desde su niñez. Un
estudio publicado en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra identifica la
leche como “elemento responsable o factor desencadenante en algunas personas
genéticamente sensibles” . Los médicos que realizaron la investigación
descubrieron que los diabéticos analizados tenían unos niveles de anticuerpos
más altos de lo normal que reaccionaban con una proteína de la leche llamada
suero de albúmina bovina atacándola como invasora y destruyéndola. Pero resulta
que -¡fatal coincidencia!- una sección de esa proteína es casi idéntica a una
proteína de la superficie de las células productoras de insulina por lo cual,
según afirman, las defensas de las personas sensibles a ella terminan atacando
a sus propias células causando así su autodestrucción. Por lo que coligen que
eliminar la leche y sus derivados de la dieta infantil podría disminuir
drásticamente la incidencia de este tipo de diabetes.
Dolores abdominales
sin intolerancia a la lactosa. Existe una estrecha correlación -no
discutida- entre la indigestión que causa la lactosa, la intolerancia a la
lactosa y la intolerancia a la leche.
Enfermedad de Crohn.
El doctor John Hermon-Taylor -director del Departamento de Cirugía de la Escuela
de Medicina del Hospital St. George (Gran Bretaña)- afirma tras estudiar la
enfermedad de Crohn durante 20 años que la Paratuberculosis -una subespecie del
Mycobacterium Avium- está indudablemente asociada a esa patología. Y que ese
microorganismo se transmite fundamentalmente a través de la leche porque la
pasteurización no la destruye. En un estudio realizado entre 1990 y 1994 sobre
envases para leche se encontró con que el 7% estaba contaminado con la
Paratuberculosis.
Enfermedades
coronarias. Numerosos investigadores relacionan algunos componentes de la
leche –el colesterol, las grasas, su alto contenido en calcio, la presencia de
xantina oxidasa, etc.- con este tipo de dolencias. En el caso de la enzima
bovina xantina oxidasa se sabe que sólo causa problemas cuando la leche es
homogeneizada y que su daño se centra en los vasos sanguíneos. La posible
explicación está en que esta enzima atravesaría intacta las paredes
intestinales, se trasladaría a través de la sangre y destruiría el masmógeno,
uno de los componentes de las membranas de las células que forman el tejido
cardiaco. Uno de esos investigadores es el doctor Kurt Oster, jefe del servicio
de Cardiología del Hospital Park City en Bridgeport (Estados Unidos). Durante
un periodo de casi cuatro años Oster estudió a 75 pacientes que sufrían angina
de pecho y arteriosclerosis. Pues bien, se eliminó la leche de sus dietas y se
les dio ácido fólico y vitamina C -ambas combaten la xantina oxidasa- y en
todos los casos el dolor disminuyó. Es más, a ese respecto el doctor Kurt
Esselbacher -miembro de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard-
afirma sin tapujos: “La leche homogenizada, debido al contenido de xantina
oxidasa, es una de las mayores causas de enfermedades coronarias en Estados
Unidos”.
Hay también estudios realizados en Rusia según los cuales
quienes beben tres o más vasos de leche al día tienen 1,7 más probabilidades de
padecer enfermedades isquémicas cardíacas que quienes no la consumen.
Igualmente se sabe que el consumo habitual de productos lácteos aumenta el
colesterol malo (LDL) sin afectar al bueno (HDL) por lo que ya en sí mismos
constituyen un factor de riesgo. Y debemos añadir que el consumo de proteínas
lácteas parece tener relación directa con la mortalidad coronaria ya que se ha
comprobado que los anticuerpos creados contra la caseína activan el sistema
plaquetario estimulando la trombo génesis. Además se las relaciona con la
inflamación de las paredes de las arterias favoreciendo así el proceso
arteriosclerótico.
En cuanto al calcio de la leche cabe decir que parece
existir relación entre el endurecimiento de las arterias y el excesivo
contenido de este mineral en sangre.
Añadiremos que la leche desnatada se ha asociado con
enfermedades coronarias no isquémicas en hombres mayores de 45 años y en
mujeres mayores de 75. Se cree que las proteínas de la leche contribuyen a la
formación de la homocisteina. Para muchos la conjunción de este tipo de leche,
la lactosa, el calcio y la homocisteína podría ser responsable de la calcificación
de las arterias.
Esclerosis múltiple.
Científicos de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) están llevando a
cabo en la actualidad extensos estudios acerca de los factores asociados con la
esclerosis múltiple y si bien hasta ahora sólo han obtenido conclusiones
parciales han podido establecer relación entre la esclerosis múltiple y un
excesivo consumo de leche.
Estreñimiento. La
leche es causa conocida de estreñimiento en niños y ancianos. Su eliminación de
la dieta y un mayor consumo de vegetales y fibra suele resolver ese problema.
Asimismo, tanto el estreñimiento crónico como las lesiones perianales se han
asociado con una clara intolerancia a la leche de vaca.
Fatiga crónica.
Según un estudio realizado con niños en Rochester (Nueva York) en 1991 beber
leche aumenta 44,3 veces el riesgo de padecer esta enfermedad.
Fístulas y fisuras
anales. Podría deberse al parecer a la alergia a una proteína de la leche
de cabra.
Incontinencia
urinaria. Muchos niños que mojan las sábanas ya crecidos dejan de hacerlo
en cuanto eliminan de su dieta la leche, los productos que la contienen y los
derivados lácteos.
Intolerancia a la
lactosa. Para poder ser utilizada por nuestro organismo este azúcar de la
leche debe ser previamente hidrolizado y eso se consigue gracias a una enzima
llamada lactasa que va desapareciendo lentamente cuando comienzan a salirnos
los dientes. Parece que en la raza blanca la lactasa permanece durante más
tiempo que en la raza negra. Algo que podría deberse a la relación existente
entre la melanina y la lactasa. Las personas que viven en lugares fríos
tendrían por eso la piel más blanca a fin de aprovechar al máximo las
radiaciones solares y sintetizar vitamina D para fijar el calcio.
Se ha observado también que en la mayoría de las personas
que no producen lactasa o lo hacen a niveles muy bajos la lactosa no
hidrolizada pasa al intestino donde es atacada por las bacterias y las
consecuencias son fermentaciones, meteorismo, cólicos, diarreas, etc. Todo lo
cual provoca la irritación de las paredes del intestino e incluso micro heridas
con pérdida de sangre. Y si esas pequeñas hemorragias se producen de forma
continuada acaban provocando deficiencias de hierro.
Además la lactosa puede provocar otros trastornos no menos
graves ya que es responsable de la asimilación de metales pesados como el
cadmio, el mercurio y el hierro así como de otras sustancias tóxicas.
Linfomas. Un
estudio realizado en la Universidad de Bergen (Noruega) durante año y medio con
casi 16.000 pacientes observó que las personas que consumen dos vasos de leche
al día presentan un riesgo 3,4 veces mayor de padecer linfomas que los que
beben menos. El mecanismo por el cual eso se produce todavía no está claro a
pesar de que se sabe que la leche de vaca puede transmitir el virus de la
leucemia bovina. Este mismo estudio encontró una asociación, aunque débil,
entre el consumo de leche y el cáncer de riñones y de los órganos reproductivos
femeninos.
Otro mecanismo por el cual se pueden contraer linfomas es a
través de leche contaminada con dioxinas. En un artículo publicado en el
periódico norteamericano The Washington Post se afirmaba que las personas que
consumen grandes cantidades de grasa -como carne y productos lácteos son 10
veces más propensas a contraer cáncer, especialmente de pulmón.
Migraña. Se ha
comprobado experimentalmente que cuando se suprime la leche de la dieta de
pacientes afectos de migraña se reducen significativamente sus síntomas.
Oídos, garganta y
sinusitis. En 1994 la revista Natural Health publicaba una serie de
hallazgos que relacionan a la leche con el aumento de las infecciones de los
oídos y la garganta. Los estudios demostraron que las amígdalas y las adenoides
reducían su tamaño cuando se limitaba el consumo de leche.
Reacciones alérgicas.
La alergia a las proteínas de la leche de vaca se ha definido como “cualquier
reacción adversa mediada por los mecanismos inmunológicos a una o más de las
proteínas de la leche (caseína, alfa lacto-albúmina, betalactoglobulina)”.
Actualmente muchos estudios médicos reconocen la relación entre la leche y las
reacciones alérgicas estableciéndose su prevalencia entre un 2 y un 5% de la
población mundial. La reacción alérgica puede ser inmediata -es decir, en menos
de 45 minutos- o tardía -presentándose horas o días más tarde.
Sangrado
gastrointestinal. El sangrado gastrointestinal secundario a la intolerancia
a las proteínas de la leche de vaca en niños ha sido adecuadamente documentado.
Tan serio es el sangrado que se le coloca como una de las causas más comunes de
anemia en niños.
Síndrome de mala
absorción. Investigadores de la Universidad de Helsinki (Finlandia) han
comprobado la relación entre las proteínas de la leche y el daño a la mucosa
intestinal. Este daño es el responsable del síndrome de mala absorción que se
caracteriza por diarreas crónicas, vómitos y retardo del crecimiento.
Trastornos del sueño.
Estudios realizados en la Universidad Free de Bruselas entre los años 1986 y
1988 confirmaron la relación entre el consumo de leche y los trastornos del
sueño en los niños. Éste y otros estudios han hallado relación entre la alergia
a la leche y los problemas para dormir. Todos los síntomas mejoraban cuando se
excluía la leche de la dieta y empeoraban cuando era reintroducida. El tiempo
promedio para notar la mejoría era de cinco semanas. La agitación que
manifestaban esos niños también mejoró.
Úlceras pépticas.
En el pasado se aconsejaba tomar leche a las personas que padecían problemas
estomacales, en especial en caso de úlceras. En la actualidad esa práctica se
desaconseja por considerarse peligrosa y porque se sabe que la leche y sus
derivados agravan todos los síntomas. El alivio temporal que sentían esos
pacientes se podía deber simplemente al hecho de que normalmente la leche se
tomaba fría y era la temperatura del líquido lo que hacía mejorar la situación
transitoriamente.
Otras reacciones
provocadas por la leche. Además de las expuestas existen otras situaciones
y dolencias que se relacionan con la ingesta de leche. Por ejemplo la acidosis
láctica severa asociada a la alergia a la leche de vaca, el aumento del riesgo
de pre-eclampsia en mujeres sensibles, la dificultad de aprendizaje en niños o
algunos casos de infertilidad femenina. Por último es importante señalar que
las madres que toman leche de vaca durante el período de la lactancia exponen a
sus hijos a los riesgos asociados a este alimento.
José Ramón Llorente PD: el autor de este texto es presidente
de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular y los estudios que se citan
en el artículo están perfectamente documentados y si no se mencionan es por
razones de espacio y debido a su carácter divulgativo y no académico.

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